La miel de mi colmena alimentaba tu vientre en flor,
las mariposas de nuestros recuerdos nos elevaban
a las cimas de las araucarias milenarias,
y nuestros años juntos son más que los segundos
que ha vivido esta tierra seca.
Los pétalos de rosas negras cambian al caminar el jardín del sueño olvidado,
cambia, se transforma y el arcoíris contempla la creación de nuestros pasos.
Contamos hormigas que peregrinan la pena del beso amargo,
van una tras otras, el paso es el mismo al igual su silencio,
nosotros acompañamos su duelo; vamos de negro,
vamos de la mano y nuestro paso es el mismo,
menos nuestro corazón que baila al final de la cola.
Arrancó de tierra fértil un rosa amarilla,
tú dos pasos más allá un clavel blanco,
caminamos diez minutos en silencio
y juntos plantamos la vida a los pies de aquel manzano de manzanas rojas.
Plantamos la vida con nuestras manos ya ancianas,
la regamos con nuestras lágrimas de tantas vidas vividas,
le damos el calor de nuestros cuerpos de amantes, y esperamos
que un segundo antes brote la vida con un beso pasajero que vaya de peregrino amante.
Así es la vida, así fue tu vida. Así viví mi vida, y no me arrepiento de ser siempre el amante.

Mucho sentimiento en tus versos.
ResponderEliminarIntensidad, como la vida misma, que, al fin y al cabo, nace y ya está muriendo...
Solo hay que saber vivirla, y no arrepentirse de nada!
Un abrazo!
;)
Y gracias por tu chapoteo en la Orilla!